Política de Juventud y participación juvenilAutor:
MSc. Luis Gómez Suárez. Todo
Estado moderno, de una u otra forma, presta considerable atención
a sus adolescentes y jóvenes, para ello concibe y desarrolla numerosas
acciones en su beneficio en los más disímiles aspectos relacionados
con la vida de este sector o grupo poblacional. Además de promover el desarrollo personal, la política cubana de juventud constituye un instrumento de lucha por el mantenimiento y desarrollo de la hegemonía de las clases trabajadoras cubanas, quienes detentan el dominio real del aparato estatal, por lo que promueve como objetivo fundamental la participación efectiva de la juventud en la solución de sus propios problemas, en el ejercicio del poder y en la conducción del desarrollo de la sociedad. Enfocada de este modo la política cubana de juventud, más que un programa de servicios, es una acción integral con un carácter educativo, transformador, destinada a incorporar a la juventud como agente activo a las procesos que el pueblo debe librar para preservar lo logrado y hacer realidad el proyecto revolucionario. Tras
el triunfo de la Revolución en 1959, y hasta los años ochentas,
el Estado revolucionario fue construyendo una política de juventud
caracterizada por su creciente integralidad, la universalidad de sus acciones
y su amplio marco legal en términos de derechos para adolescentes
y jóvenes. Sin embargo, durante el último decenio del siglo
XX, producto de la crisis económica originada por la desaparición
de los países socialistas de Europa del Este y la Unión
Soviética - nuestros tradicionales aliados y socios comerciales
-, y del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto al
país por los gobiernos norteamericanos; se operó la modificación
negativa de las formas de inserción social de los jóvenes
desarrolladas desde la segunda mitad de los años setentas. En dicho
período, el tránsito de la juventud a la edad adulta se
desenvolvió en condiciones objetivas difíciles. Muchos jóvenes
vieron afectados sus proyectos personales de vida, los que, en muchos
casos debieron ser postergados. La gradual recuperación de la economía permitió llevar a cabo a partir del año 2000 una profunda transformación social que se expresa en lo que se dio en llamar los Programas de la Revolución (más de ciento cincuenta), que abarcaron importantes espacios de la realidad nacional y esferas decisivas para la existencia y desarrollo de los jóvenes. Dichas acciones constituyen una alternativa a la política social y de juventud que se venía haciendo en el país. Como en otras etapas de la Revolución, la educación constituyó la principal línea de acción y el hilo conductor de la nueva política de juventud que se pone en marcha a partir del año 2000. La labor en esta dirección no solo incluyó la reforma de las concepciones educacionales, también comprendió cambios en materia de cultura, ideología y política; así como de promoción de la juventud a planos de acción política de primer nivel. El tema de la cultura cobró una nueva dimensión a partir de las tesis propuestas por Fidel Castro acerca de su importancia para la transformación de la realidad como instrumento de emancipación individual, colectiva y nacional. Así, se convoca a crear las condiciones materiales y espirituales para el desarrollo de una Cultura General e Integral. Este objetivo tiene en los niños, adolescentes y jóvenes a su objeto fundamental. La estrategia de formación del pueblo, y en particular de las nuevas generaciones, parte del pensamiento martiano que otorga un elevado carácter emancipatorio a la cultura: “Ser cultos es el único modo de ser libres”. Por consiguiente, los Programas de la Revolución son el resultado de la preocupación por la situación de determinados sectores sociales en difíciles circunstancias de vida y de un elevado número de jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, y, por ende, al margen de la realidad nacional, los cuales habían sido afectados por la crisis económica y el nuevo ordenamiento nacional. Esta percepción se fundamentaba en los resultados de los distintos estudios realizados, entre ellos, por el Ministerio del Interior, acerca de la población penal juvenil; las entrevistas de los integrantes de las Brigadas Universitarias de Trabajo Social con la población de los barrios marginales de la capital, y la caracterización de los jóvenes desvinculados realizada por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Los análisis promovidos por la dirección del país sobre estas cuestiones, en los que participaron los representantes nacionales del movimiento juvenil, culminaron con la convocatoria a la UJC y demás organizaciones de la juventud a imprimir una nueva orientación al trabajo con dicho sector social. Estos programas, por el contrario a como se venía haciendo, no son encomendados en términos de concepción y dirección a los ministerios implicados con las esferas específicas de la realidad. Para ello se crea un grupo de trabajo con miembros del Buró Nacional de la UJC y de su Comité Nacional, quienes han sido dirigidos de forma directa y expedita por el presidente Fidel Castro. Este equipo se ocupó de coordinar con los Ministerios y demás organismos del Estado la ejecución de las acciones contempladas en cada caso. En
general los programas concebidos son de tres tipos: Los
principales programas relacionados con la juventud tienen que ver con:
La formación del relevo generacional, en particular en el orden político, constituye un fin esencial de estos programas. Esto ha de contribuir a que los jóvenes se erijan en actores sociales al tiempo que ejercen sus derechos ciudadanos a través de una elevada participación. El
examen realizado ayuda, en general, a comprender que en el período
1999 - 2004, la política cubana de juventud se ha distinguido por:
Los programas en su conjunto como política general, contribuyen a la creación de lo que se pudiera catalogar como un nuevo modelo de inserción social de las nuevas generaciones. ©
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