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Política de Juventud y participación juvenil

Autor: MSc. Luis Gómez Suárez.
Centro de Estudios Sobre la Juventud

Todo Estado moderno, de una u otra forma, presta considerable atención a sus adolescentes y jóvenes, para ello concibe y desarrolla numerosas acciones en su beneficio en los más disímiles aspectos relacionados con la vida de este sector o grupo poblacional.
Durante la juventud se verifican procesos biológicos, psicológicos, sociales, económicos, culturales, políticos e ideológicos de considerables implicaciones históricas. En ese tiempo, que generalmente se extiende entre los quince y los veinticuatro años de edad, el individuo hace suyos los valores que promueve y defiende la sociedad, define su identidad personal, se asume como miembro de la sociedad, adquiere capacidades y habilidades para desempeñar los roles adultos (entre ellas la calificación u obtención de un oficio), desarrolla un proyecto de vida y asegura su independencia personal y de la familia de origen. Tan preciada etapa de la vida concluye cuando la persona es capaz de ordenar y conducir su vida de forma independiente.
Las personas no transitan del mismo modo por la juventud, para unas resulta relativamente fácil y gratificante, mientras para otras, con menos posibilidades físicas, intelectuales y / o materiales, el recorrido no resulta tan halagüeño. Es por ello que el Estado y la sociedad en su conjunto tratan de asegurar las máximas posibilidades de formación e inserción de la juventud en la sociedad, de la forma más integral posible, en áreas básicas para la vida como son la educación el trabajo, la salud y la recreación.
A esta estrategia de acción coordinada de la sociedad, encaminada a crear las condiciones necesarias para la formación e incorporación de la(o)s jóvenes a la vida social activa a través de la labor mancomunada de las entidades responsabilizadas, contando para ello con la participación de la(o s propios beneficiados, es a lo que se denomina política de juventud.

Además de promover el desarrollo personal, la política cubana de juventud constituye un instrumento de lucha por el mantenimiento y desarrollo de la hegemonía de las clases trabajadoras cubanas, quienes detentan el dominio real del aparato estatal, por lo que promueve como objetivo fundamental la participación efectiva de la juventud en la solución de sus propios problemas, en el ejercicio del poder y en la conducción del desarrollo de la sociedad.

Enfocada de este modo la política cubana de juventud, más que un programa de servicios, es una acción integral con un carácter educativo, transformador, destinada a incorporar a la juventud como agente activo a las procesos que el pueblo debe librar para preservar lo logrado y hacer realidad el proyecto revolucionario.

Tras el triunfo de la Revolución en 1959, y hasta los años ochentas, el Estado revolucionario fue construyendo una política de juventud caracterizada por su creciente integralidad, la universalidad de sus acciones y su amplio marco legal en términos de derechos para adolescentes y jóvenes. Sin embargo, durante el último decenio del siglo XX, producto de la crisis económica originada por la desaparición de los países socialistas de Europa del Este y la Unión Soviética - nuestros tradicionales aliados y socios comerciales -, y del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto al país por los gobiernos norteamericanos; se operó la modificación negativa de las formas de inserción social de los jóvenes desarrolladas desde la segunda mitad de los años setentas. En dicho período, el tránsito de la juventud a la edad adulta se desenvolvió en condiciones objetivas difíciles. Muchos jóvenes vieron afectados sus proyectos personales de vida, los que, en muchos casos debieron ser postergados.
Las contingencias enunciadas se expresaron a través de un fenómeno que había crecido de modo considerable, se trataba de la desvinculación del estudio y el trabajo, que situó a los jóvenes prácticamente al margen de la sociedad, propiciando el desarrollo de conductas antisociales.
Tal situación constituye uno de los principales retos que el Gobierno cubano debía enfrentar, máxime cuando constituye un problema humano de alta prioridad, ante un contexto internacional y una coyuntura política caracterizada por la agresividad norteamericana, decidida a dar al traste con el proyecto revolucionario cubano. Conflicto en cuya solución la juventud desempeña un papel de primera magnitud, lo que en los umbrales del nuevo milenio se hacía cada vez más evidente.
A finales de noviembre de 1999, en medio del proceso político que se desarrolla a partir del secuestro del niño Elián González Brotons, al que se le dio por nombre Batalla de Ideas, el presidente cubano Fidel Castro convocó a conceder la máxima trascendencia a la formación y desarrollo del capital humano en la lucha por defender la independencia y el socialismo, potenciar la democracia de masas y acrecentar la calidad de vida del pueblo.

La gradual recuperación de la economía permitió llevar a cabo a partir del año 2000 una profunda transformación social que se expresa en lo que se dio en llamar los Programas de la Revolución (más de ciento cincuenta), que abarcaron importantes espacios de la realidad nacional y esferas decisivas para la existencia y desarrollo de los jóvenes. Dichas acciones constituyen una alternativa a la política social y de juventud que se venía haciendo en el país.

Como en otras etapas de la Revolución, la educación constituyó la principal línea de acción y el hilo conductor de la nueva política de juventud que se pone en marcha a partir del año 2000. La labor en esta dirección no solo incluyó la reforma de las concepciones educacionales, también comprendió cambios en materia de cultura, ideología y política; así como de promoción de la juventud a planos de acción política de primer nivel.

El tema de la cultura cobró una nueva dimensión a partir de las tesis propuestas por Fidel Castro acerca de su importancia para la transformación de la realidad como instrumento de emancipación individual, colectiva y nacional. Así, se convoca a crear las condiciones materiales y espirituales para el desarrollo de una Cultura General e Integral. Este objetivo tiene en los niños, adolescentes y jóvenes a su objeto fundamental. La estrategia de formación del pueblo, y en particular de las nuevas generaciones, parte del pensamiento martiano que otorga un elevado carácter emancipatorio a la cultura: “Ser cultos es el único modo de ser libres”.

Por consiguiente, los Programas de la Revolución son el resultado de la preocupación por la situación de determinados sectores sociales en difíciles circunstancias de vida y de un elevado número de jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, y, por ende, al margen de la realidad nacional, los cuales habían sido afectados por la crisis económica y el nuevo ordenamiento nacional. Esta percepción se fundamentaba en los resultados de los distintos estudios realizados, entre ellos, por el Ministerio del Interior, acerca de la población penal juvenil; las entrevistas de los integrantes de las Brigadas Universitarias de Trabajo Social con la población de los barrios marginales de la capital, y la caracterización de los jóvenes desvinculados realizada por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Los análisis promovidos por la dirección del país sobre estas cuestiones, en los que participaron los representantes nacionales del movimiento juvenil, culminaron con la convocatoria a la UJC y demás organizaciones de la juventud a imprimir una nueva orientación al trabajo con dicho sector social. Estos programas, por el contrario a como se venía haciendo, no son encomendados en términos de concepción y dirección a los ministerios implicados con las esferas específicas de la realidad. Para ello se crea un grupo de trabajo con miembros del Buró Nacional de la UJC y de su Comité Nacional, quienes han sido dirigidos de forma directa y expedita por el presidente Fidel Castro. Este equipo se ocupó de coordinar con los Ministerios y demás organismos del Estado la ejecución de las acciones contempladas en cada caso.

En general los programas concebidos son de tres tipos:
• Los estratégicos generales, de largo alcance, encaminados a renovar los procesos de inserción social de las nuevas generaciones vinculados fundamentalmente a la educación y la cultura.
• Los destinados al rescate de los jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, cuyo ejemplo más conocido es el atinente a los Trabajadores Sociales.
• Los orientados a los grupos en desventaja social, en condiciones de riesgo y/o en precariedad económica. Este es el caso de las madres solas, los ex reclusos, la tercera edad, los minusválidos, y otros.

Los principales programas relacionados con la juventud tienen que ver con:
• La renovación de la educación, en particular de la escuela primaria y la secundaria básica, la formación de maestros emergentes de primaria y los profesores generales integrales de secundaria; así como con la extensión de la enseñanza universitaria a los municipios. La introducción en los centros docentes a todos los niveles de la computación y los medios audiovisuales.
• La formación y divulgación política.
• El desarrollo de la televisión educativa, cultural y recreativa.
• La promoción de la computación y la informatización de la sociedad.
• Desarrollo y consolidación de la educación y la cultura artística, la producción del libro, las bibliotecas y la promoción de la lectura.
• El empleo.
• La formación de Trabajadores Sociales, la labor de atención y desarrollo social, y la prevención social; así como la transformación de las prisiones en escuelas.
• Los programas atinentes al establecimiento de servicios de salud con altos niveles de atención y calidad.
Los nuevos planes y programas se distinguen por una estrecha complementariedad e interdependencia entre ellos, los cuales consideraran a la juventud como objeto y sujeto de beneficios y protagonista de la extensión de estos a los demás jóvenes y al resto de la población.

La formación del relevo generacional, en particular en el orden político, constituye un fin esencial de estos programas. Esto ha de contribuir a que los jóvenes se erijan en actores sociales al tiempo que ejercen sus derechos ciudadanos a través de una elevada participación.

El examen realizado ayuda, en general, a comprender que en el período 1999 - 2004, la política cubana de juventud se ha distinguido por:
• Promover a la juventud, reconociendo el lugar y papel de los jóvenes en la sociedad.
• Prestar especial atención al factor ético y la promoción de valores
• Poseer carácter universal y solidario, es decir por llevar sus servicios a todos los jóvenes sin distinción, dando prioridad a los que se encuentran en situaciones de precariedad.
• Conceder elevada prioridad a la educación, el empleo y la salud.
• Ser financiada por el Estado socialista.
• Estar dirigida por el conjunto de organismos y entidades relacionados con la juventud encabezados por el Partido Comunista de Cuba y la Unión de Jóvenes Comunistas.
• La elevada participación juvenil ejecutiva y consultiva.

Los programas en su conjunto como política general, contribuyen a la creación de lo que se pudiera catalogar como un nuevo modelo de inserción social de las nuevas generaciones.

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