Jóvenes
trabajadores
Autora: Lic. María Josefa Luis Luis
Centro de Estudios Sobre la Juventud
El
trabajo tiene una importancia trascendental y multifacética para
la juventud, por su papel en el desarrollo del individuo. La inserción
y estabilidad laboral de los jóvenes influye en la conformación
de su personalidad, la adquisición de un estatus social y el equilibrio
psicológico. El trabajo remunerado, además de proporcionarle
una fuente de ingresos independiente, contribuye a su estabilidad emocional,
lo cual tiene un valor significativo para convertirse en una persona adulta.
Por lo tanto, la imposibilidad de encontrar un empleo durante esta etapa
de la vida, no solo contribuye a su exclusión y a la pobreza, sino
que obstruye el paso a la adultez, incluyendo la posibilidad de constituir
su propia familia, tiene implicaciones para su empleo futuro y favorece
conductas sociales indeseables como el consumo de drogas, el delito, la
criminalidad, la enajenación social y otras.
La compleja situación internacional, los cambios económicos
que se han registrado en las últimas décadas, el rápido
avance de las tecnologías y la apertura de las economías
a la competencia internacional, han hecho más compleja la problemática
del empleo. El creciente desempleo mundial de los últimos años,
ha afectado especialmente a la juventud, situándola en un estado
de incertidumbre en el plano económico y social.
A pesar de ser los jóvenes los más preparados y naturalmente
condicionados para asumir las nuevas tecnologías y la llamada “sociedad
del conocimiento”, por lo general en la actualidad son los más
afectados por la falta de oportunidades en el mercado del trabajo, los
índices del desempleo, el subempleo, la inestabilidad laboral y
la precarización de las condiciones de trabajo.
Según informes de la Organización Internacional del Trabajo,
los jóvenes de hoy tienen tres veces más probabilidades
de encontrarse desempleados que los adultos. La misma organización
señala que el desempleo juvenil se incrementó de manera
constante entre 1993 y el 2003, hasta alcanzar la cifra de 88 millones,
lo que representa un índice récord de 14,4 %.(1) Para una
mejor comprensión del problema, habría que señalar
que eso significa que los jóvenes hacen el 47 % en el total del
desempleo, cuando solo representan el 25 % de la población en edad
de trabajar.
Existen grandes diferencias en las tasas de desempleo entre la fuerza
laboral juvenil, dependiendo de la edad, sexo y origen socioeconómico.
En la mayoría de las regiones el desempleo juvenil femenino es
superior al masculino. Según la etnia de pertenencia, la mayoría
étnica tiene mejores condiciones de trabajo que los grupos minoritarios.
Además de las sabidas diferencias con relación a los adultos,
entre los jóvenes, la situación es más crítica
para quienes se encuentran entre quince y diecinueve años; ellos
no solo poseen los mayores índices de desempleo, sino que al ingresar
al mercado laboral acceden a empleos muy precarios, caracterizados por
la informalidad, la ausencia de protección social y la infracción
generalizada de las normas laborales.
Tanto en las economías industrializadas como en los países
en desarrollo, los jóvenes tienen más probabilidades que
los adultos de encontrar trabajo intermitente e inseguro, muchas veces
en la economía informal y con limitada protección laboral;
pero estos fenómenos que golpean fuertemente a los jóvenes,
son más agudos en el mundo subdesarrollado, y se complementan con
las crisis del sistema educativo, las inequidades regionales y sociales
–asociadas entre otros, al género, color de la piel y clase
social. La información disponible nos revela que las tasas de desempleo
juvenil más altas se registran en las regiones de Asia Meridional,
Oriente Medio, África del Norte y el África Subsahariana.
Uno de los rasgos característicos del empleo en las economías
en desarrollo, es su frecuente inseguridad, por lo tanto, los trabajadores
pueden perder su empleo si no tienen delimitados sus derechos o si no
cuentan con una representación para hacer sus exigencias. Dadas
las tendencias del empleo juvenil, es más probable que los trabajadores
jóvenes no estén afiliados a un sindicato y que tengan menos
experiencia que los adultos para exigir sus derechos; por lo que esto
constituye otro de los graves problemas que los afecta en la actualidad.
La
situación en Cuba difiere sustancialmente del panorama mundial
laboral juvenil. Los jóvenes cubanos, además de la preparación
que reciben para la inserción laboral, tienen garantizado el empleo
y una legislación que los protege en caso de ser necesario; incluso,
teniendo en cuenta sus carencias formativas, al acceder a una entidad
laboral, se prevé una etapa de adiestramiento para facilitar el
proceso de adaptación y capacitación como trabajador.
Cuba cuenta con más de un millón de jóvenes trabajadores,
los que representan el 44,4% de la población joven. El índice
de desempleo juvenil está muy por debajo de su comportamiento a
nivel internacional, y tiene la particularidad de ser en muchos casos
un desempleo selectivo. En ese sentido, el país logró disminuir
considerablemente los índices de desempleo existente en los años
noventa, hasta obtener la condición de lo que técnicamente
se conoce como “pleno empleo”.(2) Según datos del Ministerio
del Trabajo y Seguridad Social, al cierre del 2003 la desocupación
general en el país se redujo al 2,3% y la juvenil al 4,3% -muy
distante de la tasa mundial del 14,4% reconocida por la OIT. En los últimos
años, en el caso particular de los jóvenes, se han concebido
diferentes programas, no solo para eliminar lo que se reconoce oficialmente
como desempleo, sino para asegurar ubicación laboral a todos los
jóvenes que estén en condiciones para trabajar y vincular
a instituciones laborales o estudiantiles a todos aquellos que rompieron
esos vínculos, independientemente de las causas que lo hayan provocado.
Los Trabajadores Sociales -uno de los nuevos Programas de la Revolución,
integrado por jóvenes- tienen la responsabilidad de atender a los
desvinculados, con especial énfasis en los adolescentes. La eliminación
de la desvinculación juvenil presupone un trabajo preventivo con
participación multisectorial, que impida la existencia de nuevas
fuentes generadoras, por lo que se involucran también a los Ministerios
del Trabajo, de Educación y Educación Superior.
Las acciones emprendidas -respaldadas por una legislación laboral-
están dirigidas a lograr mayor coherencia en el tratamiento del
problema y ofrecer oportunidades a segmentos menos favorecidos. De tal
manera se plantea, reforzar la formación del valor trabajo durante
la etapa estudiantil, garantizar la ubicación laboral de los graduados
de la Enseñanza Politécnica, dándole seguimiento
hasta que el joven se incorpora, asegurar la acogida en el centro laboral
y exigir que los centros asuman la responsabilidad que les concierne en
su atención; trabajar en la ubicación y seguimiento de los
jóvenes egresados de escuelas de conducta, eliminar los escollos
que limitan el acceso al trabajo de jóvenes exreclusos y garantizar
ubicación laboral o continuidad de estudios para los jóvenes
que culminan el servicio militar activo.
Al mismo tiempo, diversos Programas de la Revolución han permitido
la preparación y ubicación laboral de miles de adolescentes
y jóvenes formados en cursos emergentes -de Maestros Primarios,
Profesores Generales Integrales, Enfermeros y Trabajadores Sociales. Transcurridos
cinco años, se han creado más de 380 000 empleos, que benefician
mayoritariamente a los jóvenes. Los nuevos programas constituyen
una atractiva oportunidad de empleo y/o superación, que garantiza
un puesto de trabajo, con un salario y condiciones decorosas, y la matrícula
en una carrera universitaria acorde a su especialidad. Es decir, no se
trata de simples procedimientos de capacitación para lanzarlos
al mercado del trabajo, como ocurre con algunos intentos realizados en
otros países; muy por el contrario, su preparación forma
parte de un proyecto donde se trata de vincular coherentemente los intereses
individuales con los de la sociedad en su conjunto; en consecuencia, contraen
un compromiso de permanencia por determinado tiempo, convirtiéndose
para la mayoría en su primer empleo.
La introducción del concepto de estudio como empleo complementa
los esfuerzos que realiza el país para eliminar la desvinculación
juvenil. Este concepto se aplica en el Curso de Superación Integral
para Jóvenes Desvinculados y en la tarea Álvaro Reinoso
para los trabajadores azucareros que quedaron sin ubicación laboral
por el reordenamiento de dicha industria. El Curso de Superación
Integral ofrece la posibilidad de estudiar a jóvenes de diecisiete
a veintinueve años que hayan permanecido durante uno o más
años desvinculados del estudio y el trabajo, por cuya actividad
reciben un estipendio, convirtiéndose en una modalidad sui géneris
de empleo. Al concluir sus estudios tienen la opción de matricular
en la universidad o trabajar. También por esta vía pueden
acceder a otros cursos como los de tecnología de la salud. A fines
del 2004 se calculaba que más de 150 000 jóvenes se habían
beneficiado con el Curso de Superación Integral, de los cuales
48 746 se encontraban estudiando carreras universitarias.
La juventud cubana vive un momento crucial, cuyo protagonismo se ha elevado
con la puesta en práctica de los nuevos Programas de la Revolución.
Los jóvenes trabajadores no solo tienen múltiples oportunidades,
sino que desempeñan un papel activo en el desarrollo económico
y social del país, lo que los pone en mejores condiciones para
realizarse personal y profesionalmente, ser más capaces y socialmente
comprometidos.
Defender los derechos de los jóvenes trabajadores en el mundo constituye
un reto para el movimiento sindical y otras organizaciones juveniles internacionales.
Es preciso abordar los desafíos del empleo juvenil para garantizar
la igualdad de oportunidades y la protección contra la discriminación
en los mercados del trabajo, de manera que se aprovechen sus potencialidades
en bien de los propios jóvenes y de la humanidad.
(1) Debe tenerse en cuenta que la Organización Internacional
del Trabajo (OIT) considera desempleados solo a quienes no han trabajado
más de una hora durante un período determinado, pero están
disponibles para trabajar y se encuentran buscando empleo activamente;
lo que de hecho excluye a un grupo nada despreciable de personas que solo
tienen vínculos con instituciones laborales o educacionales ocasionalmente,
o no tienen ningún vínculo aunque lo desean, pero no están
buscando trabajo de forma activa, porque no creen que exista la posibilidad
de encontrarlo -los llamados desalentados.
(2) Condición que se reconoce a aquellos países cuyos índices
de desempleo están por debajo del 3%, al considerar que por la
movilidad de la fuerza de trabajo, es normal que ese indicador se comporte
hasta ese nivel.
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