Derechos sexuales y reproductivos. La discriminación y la violencia sobre la base de las preguntas de género y orientación sexualAutora:
Lic. Idianelys Santillano Cárdenas Los derechos humanos son una conquista de la sociedad y por muchos años se ha trabajado para que sean garantizados. En este proceso han estado implicados diversos grupos sociales, sin embargo, dentro de la generalidad, algunos sectores y esferas fueron quedando desamparados, de ahí que se hizo necesario proponer derechos que particularizaran en temas más específicos. Tal es el caso de los derechos sexuales y reproductivos, los cuales legalizan la protección de los seres humanos en esa área. En total son doce y las cuestiones que incluyen describen un espectro que va desde el derecho a la vida -partiendo de que ninguna mujer debe ser puesta en riesgo o en peligro por razones de embarazo-, hasta el derecho a recibir información y educación sobre estos temas. Además, se explicita una gama diversa de elementos tales como: la libertad de pensamiento, la opción de contraer matrimonio o no, la tenencia de hijos y el momento en el cual tenerlos, la privacidad, la libertad de reunión y participación política, el acceso a los beneficios del progreso científico, a la seguridad de la persona, a la atención y protección de la salud, al no sometimiento a torturas y maltratos, y a estar exento(a) de toda forma de discriminación. El mundo de hoy, muestra numerosas situaciones en las cuales se pone de manifiesto la violación de los derechos relativos a la sexualidad y a la reproducción. Por sólo citar algunos ejemplos, razones económicas asociadas a políticas gubernamentales carentes de voluntad, limitan el acceso a los servicios médicos correspondientes, para quienes poseen menos ingresos. Por otra parte, la necesaria información sobre estos temas, sucumbe bajo el analfabetismo y las escasas posibilidades con que cuentan muchas personas para obtener conocimientos; y por si fuera poco, una amplia gama de prejuicios, así como de tradiciones culturales, sirven de colofón para que los seres humanos vean amenazada su sexualidad en diferentes espacios. Aunque uno de los derechos que protege la salud sexual y reproductiva expresa claramente que los seres humanos deben estar libres de todas las formas de discriminación, ha sido ella una de las vías a través de la cual se ha manifestado la trasgresión de los mismos. En este sentido, el devenir histórico-social ha legitimado una serie de preceptos, que violan -y en muchas ocasiones eliminan totalmente- los derechos de quienes pertenecen a diferentes grupos sociales. Tal es el caso de las mujeres, desde la discriminación por el género, y de los homosexuales y bisexuales, por su orientación sexual. En realidad, ello ha sido posible gracias a procesos de naturalización que conciben como tal, posiciones que tienen una explicación desde la construcción social; sin embargo, los resortes surgidos como consecuencia, han estado presentes en las relaciones entre los seres humanos.
Todo ello, por supuesto, dejaba fuera los aspectos más elementales asociados a los derechos sexuales y reproductivos. Las mujeres eran constantemente confinadas a una realidad discriminatoria desde el condicionamiento sexual restringido a la procreación, y los comportamientos “recatados” exigidos como parte de una “buena educación”, hasta la imposibilidad de decidir sobre su vida sexual, sobre su cuerpo y ser tratadas como seres inferiores proveedoras de placer. Las personas homosexuales y bisexuales, por su parte, también han sido objeto de discriminación. Similares argumentos esgrimidos respecto a las mujeres sobre la sexualidad, han generado ideas como que son seres contra natura y/o pervertidos sexuales. La búsqueda de causales biológicas para una explicación a estos tipos de orientación sexual, ha sido una de las vías a través de las cuales se ha puesto de manifiesto el desconocimiento -por un lado- y la intolerancia, por el otro. Los mecanismos discriminatorios se expresan básicamente a través de la violencia, de ahí que tras cada valoración que trace una diferenciación peyorativa respecto a mujeres, homosexuales y bisexuales, se refleja un acto violento que ha estado enmarcado en manifestaciones como golpes, otros maltratos físicos, abusos psicológicos, sobrenombres ofensivos, violaciones sexuales y todo tipo de humillaciones. Lo anterior es sólo una breve descripción de los hechos que han victimizado a sectores poblacionales, por estar inmersos en sociedades que no han sido capaces de entender qué significa el respeto a la diferencia. Tanto para las mujeres como para las personas con una orientación sexual que no es la hétero, la sociedad ha necesitado mucho tiempo para comenzar a comprender que ellas y ellos tienen derechos como seres humanos que son. Cuba no ha estado al margen de los procesos descritos. Sin embargo, el hecho de haberse iniciado en el país una Revolución social hace varias décadas, facilitó la implementación de leyes que protegieran a las personas desde sus derechos humanos en general, y particularmente, en los que tienen que ver con la salud sexual y reproductiva. Mientras las féminas en el mundo pugnaban por conquistar espacios, las cubanas veían ante sí, toda posibilidad de inserción social que las ubicaba en una posición de igual valía respecto al hombre. Por tanto, sólo el desempeño personal marcaría la diferencia, aunque desde el punto de vista subjetivo la conciencia colectiva avanzara con mayor lentitud que las legislaciones. Esta nueva realidad reivindicó el papel femenino en el hogar. Ello, junto a las medidas de salud pública y de educación, significó una redimensión de los derechos sexuales y reproductivos, pues la posibilidad real de información y de servicios higiénicos-sanitarios estaba garantizada de forma gratuita y con calidad. Se definió la defensa del consentimiento informado como parte de la práctica profesional médica, de manera que las consecuencias de cualquier tratamiento fuera de conocimiento de los y las pacientes. En la actualidad, se continúan haciendo modificaciones para que los derechos sexuales y reproductivos representen la verdadera libertad con responsabilidad que se supone sean, en este sentido, se aprobó la licencia de paternidad que permite a los padres tener también un espacio importante en la crianza y educación de sus hijos. Desde el punto de vista de la información, el tratamiento diferenciado que se ha intentado implementar para la atención de las y los adolescentes es un ejemplo de cuánto ha hecho el país. Se ha hablado mucho de una atención particular a este grupo, considerando la importancia que reviste la consolidación de sólidos cimientos para que el futuro pueda ser más saludable. El tema de la orientación sexual en nuestro país ha tenido otros matices. Se ha transitado desde posiciones más radicales que proponían un tono peyorativo a lo que se salía de la norma, hasta una apertura desde los años ochenta, claramente marcada por la presentación de la película “Fresa y Chocolate”, ya en la década de los noventa. Este filme ha sido identificado como precursor en los análisis al respecto, y ciertamente a partir de su estreno se develó un movimiento social que puso al descubierto realidades que hasta entonces estaban invisibilizadas. Sin embargo, también el análisis podría hacerse poniendo la mirada en una sociedad que se abría paso a la tolerancia, y la cual pudo comprender mejor los mensajes que proponía la película. Aunque en algunas regiones del mundo se tiene una respuesta más positiva en torno a estas temáticas, la humanidad no debe sentirse satisfecha aún de lo que se ha logrado. Habría mucho más que hacer para que las mujeres como grupo social, y los seres humanos que conciban vivir su sexualidad más allá de la orientación heterosexual, puedan sentir que este mundo también les pertenece. Los derechos sexuales y reproductivos son una vía más para legitimar la posibilidad que tenemos todos y todas de ser libres, mientras eso incluya la responsabilidad. Muchas voces aún podrían levantarse y continuar lo que generaciones anteriores han estado construyendo . ©
Derecho Reservado. Centro de Estudios Sobre la Juventud, 2006 Directora: Msc. Ana Isabel Peñate Leiva | Webmaster : Lic. Yokyro C. Frías Ajete | Edición: Magalys Fernández Cordero |